jueves, 10 de noviembre de 2011
Aposento de articulación y brío: táctica y protocolo
Porque todo refugio necesita quien le albergue, y todo guarnecido necesita refugio. Su torso me servía de almohada en aquella larga cúpula atezada. Su garra izquierda me acariciaba; danzaba en aquel tablado repleto de vapor. La extremidad derecha, que brotaba de la parte superior de su tronco me imantaba, y me remontaba a aquellos tiempos donde la melodía de la vida la sentía como parte adherente; de caricias florecía notas. El aposento de lo hueco (el que carga a los que hacen ruido) fue la parábola de sueños y placeres infinitos. Todo esto mientras el enigma indescifrable emitía ondas de atracción.
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